miércoles, 8 de febrero de 2012

Israel e Irán

Así sería la guerra entre Israel e Irán

 Netanyahu tiene listos los planes para atacar las instalaciones nucleares de los ayatolás.

A gente como Bibi Netanyahu, Moshe Yaalon y Ehud Barak hay que tomarla en serio cuando dice que va a por alguien. Tienen el gatillo fácil si piensan que la existencia misma de Israel está en peligro. Lo que, a pesar de que ese Estado tenga uno de los mejores ejércitos y uno de los mejores servicios de espionaje del mundo, y también unas cuantas bombas nucleares, ocurre con frecuencia. Ahora el trío dirigente del Gobierno israelí da a entender que atacará Irán en algún momento de los próximos meses para frenar el programa nuclear de los ayatolás, y, le guste o no, el resto del mundo debe incluir eso en sus previsiones para este nuevo annus horribilis. Israel bien podría hacerlo; otra cosa es que ya haya decidido hacerlo.Esta guerra -la próxima guerra, como se la conoce en medios políticos, militares y periodísticos- ha comenzado de hecho. Israel la libra en dos terrenos en los que sobresale: la propaganda y el espionaje. A rastras, Estados Unidos y la Unión Europea acaban de alistarse al decidir bloquear los negocios con el banco central de Irán y no comprar un solo barril de petróleo persa.

es seguro que Tsahal tiene listos los planes para un bombardeo aéreo de instalaciones iraníes. Y que, entretanto, el Mosad zancadillea ese programa nuclear con todos los medios a su alcance.
Con sabotaje de centros industriales, asesinatos de científicos y uso del virus informático Stuxnet, la fase secreta de la guerra contra Irán comenzó la pasada década, después de que los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel llegaran a la conclusión de que Irán tenía una planta de enriquecimiento de uranio en Natanz, a unos 250 kilómetros al sur de Teherán. Ni unos ni otros creyeron al régimen de los ayatolás cuando dijo que solo estaba interesado en el uso civil de la energía nuclear.

Por su propia naturaleza, la guerra secreta es muy sucia. Y lo más sucio de esta son los asesinatos de científicos iraníes. Han ido cayendo Ardeshir Hosseinpour (2007), Masud Ali Mohammadi (2010), Majid Shahriari (2010), Dariush Rezaeinejad (julio de 2011) y Mostafa Ahmadi-Roshan (enero de 2012). El hoy director de la agencia atómica iraní, Fereydun Abbasi-Davani, fue gravemente herido en noviembre de 2010. Y el general Hassan Moghadam pereció en noviembre de 2011, en la explosión de un cuartel de los Guardias Revolucionarios.

El modus operandi en los asesinatos de la mayoría de científicos ha sido el siguiente: unos motociclistas se acercan al vehículo de su objetivo, le adosan una bomba magnética, aceleran para alejarse y no tarda en producirse una explosión. En el mismísimo Teherán.

Para empezar, el régimen iraní ha repartido ese programa entre numerosas instalaciones dispersadas a lo largo y ancho de ese amplio país (Irán, habitado por 80 millones de personas, tiene una extensión tres veces superior a España). Y las más importantes, las que albergan las centrifugadoras que enriquecen el uranio, están construidas bajo tierra, a profundidades que las hacen casi invulnerables.

Y luego están las limitaciones de la aviación israelí. Cuenta con F-15I Raam capaces de volar 2.500 kilómetros sin repostar, una autonomía suficiente para llegar a Irán (entre Tel Aviv y Teherán hay 1.600 kilómetros). Y con F-161 de escolta. Amén de una flota de aviones no tripulados (drones) aptos para bombardeos de precisión. Sus satélites y aviones no tendrían excesivos problemas tanto para guiar a los suyos como para perturbar los radares, las telecomunicaciones y los ordenadores de los iraníes.

El problema estriba, como señala Time, en que resulta difícil imaginar que esas unidades pueden estar yendo y viniendo días y días, semanas y semanas, teniendo que repostar una y otra vez en el aire a muchos de sus aparatos. Y, según los especialistas, esto, una campaña muy prolongada, es lo que sería necesario para demoler seriamente el programa iraní.

Así que Israel podría lanzar un ataque aéreo puntual que dañara unas cuantas instalaciones. El programa nuclear iraní sufriría así un retraso de algunos meses, quizá un año, pero no más, según fuentes norteamericanas. De dos o tres años, según las fuentes israelíes más optimistas.

Solo Estados Unidos podría causarle un daño más serio, pero a costa de emplear durante largo tiempo todo su potencial de bombardeo con misiles y desde aviones. Y aun así, los expertos creen que tampoco conseguiría cerrar el caso definitivamente. Quedaría, pues, el recurso a la invasión terrestre, a la guerra total, algo inalcanzable para Israel e impensable hoy para Estados Unidos.

¿Y cómo reaccionaría Irán a un ataque aéreo israelí? Nadie discute que ese ataque daría oxígeno político al régimen de los ayatolás, que se encuentra en el punto más bajo de su legitimidad doméstica y su influencia regional. Les permitiría presentarse como víctimas de una agresión. En el interior apelarían tanto al sentimiento nacional persa como al islámico para movilizar a su población. En el exterior podrían revigorizar su prestigio entre sectores antiimperialistas del mundo árabe y musulmán, muy alicaído hoy por la democrática primavera árabe y la agonía del régimen sirio de los Asad.

Militarmente, Irán podría responder disparando misiles de largo alcance Shahab-3 contra Israel, pero es difícil prever cuál sería su alcance e impacto. Al Gobierno israelí le preocupan más los ataques que podrían lanzar esos vecinos suyos y aliados de Irán que son el grupo libanés Hezbolá y el palestino Hamás. La Siria de los Asad también podría sumarse a la pelea, encontrando así una salida 'patriótica' a sus apuros domésticos.

Esto es, no sería descartable una guerra total en Oriente Medio. Como tampoco una campaña de acciones terroristas en el resto del mundo contra objetivos israelíes y judíos. Por no hablar de un intento de cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán con la subsiguiente crisis petrolera planetaria. Asimismo Irán podría sabotear refinerías y oleoductos en territorio saudí.

¿Vale la pena? No para el resto del mundo; en cuanto a Israel, es lo que evalúan en estos momentos tres personas: el primer ministro Netanyahu, el viceprimer ministro Yaalon y el ministro de Defensa Barak. Calificados de 'halcones' por el semanario británico The Economist, los tres están convencidos de que un Irán nuclear supondría una 'amenaza existencial' para Israel. Así que se inclinan a pensar que vale la pena.

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